En la segunda mitad de los cincuenta, músicos tan diferentes como George Russell, Charles Mingus, Ornette Coleman, Cecil Taylor… pretendían extender las fronteras del jazz más allá de los estilos entonces imperantes. El resultado, una música que buscaba la libertad, tanto rítmica como melódica, con la misma fuerza con la que el agua sale de una tubería reventada. Primeramente se la denominó/etiquetó como “New Jazz” (“Nuevo Jazz”) o “New Thing” (“Cosa Nueva”), hasta que algo tardíamente (ya en los sesenta) adquirió su nombre definitivo, “Free Jazz” (“Jazz Libre”) por el título de uno de los imprescindibles discos que Ornette grabó para el sello Atlantic. El “coco” de la ortodoxia desde entonces.

Los sesenta fueron los años dorados del Free Jazz (Ornette, Taylor, John Coltrane, Albert Ayler, Archie Shepp, Pharoah Sanders, el Art Ensemble of Chicago… el sello Impulse! y sobretodo ESP). Los años de los “movimientos sociales afroamericanos” (Malcolm X, los Black Panthers, la reivindicación del africanismo, una islamización que llevó a no pocos afroamericanos a cambiar su nombre -uno de los casos más populares, el del boxeador Classius Clay / Muhammad Ali-, las protestas por la guerra de Vietnam en las que la clase baja de raza negra fue carne de cañón). La politización de la música fue fuerte, con festivales alternativos a los oficiales, apoyo explicito a esas ideas (temas dedicados a Malcolm X, a Mao, a los “acontecimientos” de Attica). Una politización, de izquierda radical, que enlazó con la extrema izquierda europea, Mayo del 68… (y que daría origen a la corriente europea del Free, con sus diferentes escuelas nacionales –Países Bajos con la ICP, Han Bennink, Willem Breuker…, Alemania con Peter Brötzmann…, Francia con Jef Gilson, François Tusques…). Curiosamente, una música que hacía gala de negritud encontró más acogida en la audiencia blanca europea que en la afroamericana.

Con la muerte de Coltrane (1967) y Ayler (1970), el Free Jazz entra en vía muerta en Estados Unidos. Mientras en Europa tiene reconocimiento en ciertos circuitos, y diversos sellos (Palm, Marge, Black Saint / Soul Note, Horo…) publican discos, tanto de los históricos del género como de nuevos nombres, o se celebran festivales dedicados a esta música, en América el free pasa al underground. Los setenta, para la gran industria discográfica americana, que le da la espalda, son años de apuesta por el jazz eléctrico (el jazz rock) y una vuelta a la ortodoxia jazzística. La comunidad de músicos del free encuentra salida en el recurrente “hágaselo usted mismo”, si no en el exilio europeo. Los locales donde ensayan, bares de amigos, afines, galerías de arte, se convierten en el escenario-escaparate y lugar de resistencia de la comunidad del free. Son los años de los lofts neoyorkinos (con Sam Rivers a la cabeza y como principal instigador, con su RivBea), y la “Loft Scene” es perfectamente documentada, primero por el sello Douglas y luego por multitud de sellos independientes, de aquí y de allí, que sobretodo en la última década han publicado las excitantes grabaciones que se realizaron en esa época en NY.

En esa escena de los lofts se movieron músicos que se han podido ver en Huesca en el Centro Cultural del Matadero, como el desaparecido saxofonista David S Ware o el contrabajista William Parker. William Parker (que ha tocado con todos los que en algún momento se han dedicado al free) fue el gran abanderado y guía de la travesía del desierto (aquellos años ochenta) de los músicos de free jazz neoyorkinos. Proyectos como su Little Huey BB o la asociación Arts For Arts que dio lugar al Vision Festival (el gran escaparate de la escena free, del que la gran mayoría de conciertos han tenido lugar en la vieja sinagoga sede de la Fundación Ángel Orensanz) son hitos del post free americano.

Habituales del Vision son Digital Primitives. Un trío que recoge toda la tradición del free para hacer un “jazz libre” de ahora mismo. El veterano multinstrumentista Cooper-Moore, un habitual de no pocos proyectos de William Parker, procede de la escena de los lofts; el saxofonista israelí Assif Tsahar, colabora con Parker, en sus grupos y en la organización y programación del Vision; mientras el batería Chad Taylor es la conexión con la escena de Chicago. Su música, heredera de la libertad propugnada por el free y teñida de africanismo, es el grito de una música que se pudo dar por muerta y que no se escucha en los grandes festivales del ortodoxo jazz ortopédico oficial, pero que nunca dejó de ser creativa y jodidamente excitante.


 

El autor

JESÚS MORENO

JESÚS MORENO

Jesús Moreno. Huesca 1958. Ejemplo de aficionado musical de amplio espectro. El clásico para todo sirve, para nada aprovecha. Impulsor de audiciones musicales ya en sus tiempos colegiales, mediados los setenta. Gusta de diversos estilos, del folk a la electrónica, pero no se ruboriza al reconocer su predilección (de largo) por el free jazz y sus derivados. Fundador de diversas asociaciones (Contrabajo Jazz, con la que se programaron ciento y muchas actuaciones). Miembro del dúo de impro electroacústica nst freestyle (actuaciones en Bleep!, Periferias…). Colaborador de diversas publicaciones de temática jazz (Cuadernos de Jazz -redactor-, Contrabajo, Margen, Jazz Red, Improjazz, Jazzology, Diario del Altoaragón). Ha escrito notas de discos (“Tete Montoliu en La Trompetilla”). Programas de radio (Radio Huesca/SER, Radio Kasco Viejo… actualmente, Club de Jazz. en la red). Como fotógrafo ha publicado desde en el boletin de Bohaires (gaiteros gascones) a la italiana Jazz Colours, pasando por la web del Columbia Chicago College. Desde hace años viene manteniendo blogs (o zurret de artal, desde mi cadiera, estrapalucios y fatezas, alparceando de fatezas).