CINE

Fui a los bosques porque quería vivir con un propósito; para hacer frente sólo a los hechos esenciales de la vida, por ver si era capaz de aprender lo que aquella tuviera por enseñar, y por no descubrir, cuando llegase mi hora, que no había vivido.”. Así comienza Walden, y como Thoreau, Oskar Alegría (La casa de Emak Bakia) se fue cuatro meses solo a los bosques, en busca de una reconexión con sus raíces y con la naturaleza. Un Crusoe náufrago de la “zumiriki” del título, isla en medio de un río que Alegría espera entre pequeños rituales, descubrimientos, recuerdos y un particular sentido del humor. 

De este modo, el cineasta construye una cabaña de madera en una orilla aislada del río cerca de la isla donde jugaba en su infancia, hoy anegada por la construcción de una presa que ha dejado la tierra invisible. Los árboles de la isla permanecen sin embargo todavía en pie, como mástiles de un juguete roto en medio del agua. El aire entre los troncos será el único espacio posible para revivir el pasado.

Se trata de un imaginativo e inspirador film para repensar la vida que fue recibido con una ovación en Venecia.