Muchas [demasiadas] cuentas se les pide a esta ola de nuevos artistas que conviven en una especie de nube donde confluyen géneros como el trap, el pop, el dancehall o el reggaetón. Buena parte de estas explicaciones que se imploran tienen que ver con la Palabra, ya sea en su parte estética, semiótica u ortográfica. ¿Por qué tantas abreviaturas y tantos emoticonos? ¿Por qué tan pocas figuras literarias y tan poco mensaje sociopolítico? ¿Por qué tantos “puta” en un estribillo? ¿Por qué apenas se entiende lo que dicen? De todas las patadas que dieron al llegar parece que la que más dolió [junto con el autotune] fue su forma de jugar con las palabras y su significado; zarandeando todo lo que hasta entonces estaba permitido y asentado, proponiendo una nueva relación entre el artista y su discurso.

Throwback hasta 2012, año en que aparece en YouTube un nombre que será clave en esto (y en lo demás): KEFTV VXYZ, con títulos de temas como “HXEZ XN DA WHEEL_REMIX”, “RAXETA”, “NO TENGO FLU$H” o “CUTE (≧◡≦)”. Más tarde, convertidos ya en PXXR GVNG, llegarán otros tracks como “xD aka LOL”, “TENGO QUE CALMAME”, “PXXRIN” o “IM IN LUV WIT DA MoMo-MOLLYMIX”.

Al desconcierto que producía la estética de su escritura (influida por ese uso de las X y las V propio del witch house –un género que a su vez ya llegaba influido por el hip hop en su sonido–) había que sumar la confusión que acarreaban muchos de los conceptos que utilizaban en sus canciones (textos). Buena parte de estos tomados de las letras de trap de artistas americanos, de la jerga latina y también, aunque en menor medida, de la lengua árabe.

Muchos de estos términos aparecían aquí pasados por un proceso de glocalización (adaptación de un fenómeno global a un contexto local) muy particular. Y así hasta hoy, cuando ya tenemos más que asumidos términos como “buyate”, “cheles”, “hoes”, “ratchet”, “goofy”, “frontear”, “flush”, “habibi”, “clicka” o “kahba”. Sin duda algunos de los más llamativos serían “josear” –adaptación al castellano del verbo “to hustler” (buscarse la vida)– y “molly” (MDMA). Un buen indicador del aturdimiento con el que se recibía este lenguaje fue el “diccionario PXXR GVNG – CASTELLANO” que Forocoches creó en 2014.

I’m a G porque siempre estoy follando. I got my bitch porque siempre estoy fumando. Mira los niños están progresando, quieren la buena vida, pa’ eso están joseando
(“R.I.P SECX 1990-1999”: KEFTV VXYZ, 2012)

Lo enriquecedor de cada corriente global es su adaptación a un contexto determinado, y en este sentido, las nuevas letras de la música urbana en el panorama nacional repiten la jugada que ya hiciera la Movida en relación con el punk: tomar un fenómeno externo y romper a través de él con todo lo anterior en el contexto local/nacional.

Avispado. Verraco. Jerga colombiana. Chicos listos ven pero no dicen nada. Carabanchel multirracial. Hace tiempo que a mis negros no les dice nada tu rap social
(“Mambo”: D. Gómez ft. Cocko, 2012).

Ahora, en 2017, y abriendo el abanico de sonidos urbanos más allá del trap, tenemos a una artista como Bad Gyal, que –en términos de glocalización– ya nos dio para reflexionar en aquella primera aparición en 2016 con “Pai” (traducido al castellano: dinero), una adaptación del “Work” de Rihanna en catalán.

En todo este tiempo Bad Gyal ha mantenido y afirmado continuamente que el estilo del que ella bebe es principalmente el dancehall y la cultura jamaicana. Hace algunos meses, con el estreno de “Nicest Cocky” aprendimos a soltar frases como “a mi bumper pon di cock so” o “me love it punani in your cocky”, poco o nada conocidas dentro de la música española actual y con términos clave dentro del dancehall jamaicano como “punani” (coño).

 

La influencia del entorno digital

Aunque marcados siempre por el ambiente tangible que les rodea, una de las características que comparte toda esta ¿escena? de nuevos artistas es su nacimiento –como proyecto artístico– en un espacio (no IRL) concreto: YouTube. Así que se antoja imposible que sus letras no se dejaran contagiar por el lenguaje propio de la era tecnológica: abreviaturas, siglas y emojis.

Si hay un artista descaradamente influido por la dimensión tecnológica en su lenguaje ese es Pedro LaDroga, que ya en 2012 publicaba una mixtape titulada HXXDLXVVZ. En el repertorio del artista sevillano títulos de tracks como “d e s c o n e c t a r _ (offline)”, “KENO? (ponosvemoo)”, “ain’t no ♡” (este junto a su crew LaDroga Lab) o “No TK (TK KT)”. Con Pedro LaDroga, además, hay que tener en cuenta esa inclusión de sonidos característicos de herramientas digitales dentro de su repertorio, beats futuristas per se, y unos vídeos donde prevalece la estética vaporwave. Todo unido otorga a su discurso una dimensión que parece no tener cabida en la vida real, como si su obra sólo existiera en la ficción o dentro de una pantalla.

En esta influencia de los símbolos propios del entorno digital en la música de estos artistas no hay que olvidar uno de los últimos temas: “Pico Tres”, de Pimp Flaco.

En cuanto a la complicada inteligibilidad del mensaje (y posterior lluvia de reinterpretaciones) destacan sobre todo el propio Pedro LaDroga y Yung Beef. El primero ya ha comentado en varias ocasiones que es consciente de que muchos de sus seguidores extraen/leen sus propias frases de una forma diferente a la que son concebidas por él mismo, pero pocas veces el propio Pedro manifiesta cuál es la frase real del texto.

Como cuenta Santos Unamuno en su análisis titulado El resurgir de la rima: los poetas románicos del rap, en 1999 cuando a Mucho Muchacho se le preguntaba por qué no transcribía sus textos para acompañar los discos, decía el artista: “¡Qué va, no merece la pena. Si no escuchas lo que digo con el ritmo que lo acompaña, puedes entender cosas que no quiero decir. Quien quiera saber lo que digo, que lo escuche…”.

Pocos de estos artistas actuales transcriben sus canciones. Es normal escuchar a sus seguidores debatir (tanto en los comentarios de YouTube como en conversaciones de calle) sobre si dicen esto o lo otro. Junto a su tema “Nadie como yo”, Pedro compartía la letra copiada literalmente de su bloc de notas (aquí un extracto, se puede ver completo en el primer comentario de este enlace):

kopiao direktamente der notepa:
medisepedritooo,
seteva Pe tustamalitoo,
keladeje vivi ketire palmediko,
kenorma keste kasienfermo
kelomio nosnormaaa
kmelofumoenunmomento
peronadiecomoyoyoyo
diselo
nomecomparecomoyo no hay 2,
panosotro nunkae tardee nunkae teprano nunkae sufiientee,
nunka paramoo,
peronadiecomoyooooo
diselo
serelpeorperosoyelmejoo,
vesaltito popatitoo,
norepito lohago mejoo,
melevoymevado sinminoe verano.
nokreoenloshumanomekreounrobot

Sobre las faltas de ortografía en muchos de sus textos publicados vía redes sociales, el mensaje es el siguiente:

Está claro que no todos los nuevos artistas de música urbana proponen un cambio tan radical desde la palabra –vista esta desde diferentes prismas–.  Podríamos decir que en cuestiones de letra algunos nombres actuales han seguido una evolución más progresiva, conservando algunas características de los textos previos a esta escena y añadiendo nuevos elementos. Dos buenos ejemplos serían Gata Cattana y Bejo. Gata Cattana –que nos dejaba un tremendo vacío el pasado mes de marzo– mantiene (hablo en presente y más con la reciente publicación de “Banzai”, su disco póstumo) un uso de la palabra más ligada a la poesía estricta que ningún otro artista, con un tipo de compromiso social totalmente explícito:

Vale. Que monten sus ministros festivales feministas contra la segregación. Alimentando el tópico con discriminación positiva, que es mentira, no es ninguna solución. Yo hago lo que quiero bajo el ‘niña no andes sola’. Mujer en toda regla, poetisa con mayúsculas. Descontrolá’ por la ciudad cantando hardcore, con camisa y tacones altos, con la moral muy por encima de sus cuentos como la de otras tantas putas que mueren callando (…).
(“Lisístrata”: Gata Cattana, 2015)

Ni la rapera andaluza ni Bejo poseen letras que se puedan relacionar demasiado con el gangsta rap o que beban de esta corriente como ocurre con otros artistas de este momento. Lo cual no quiere decir que no propongan nuevos discursos.

Tú lo quieres así pero yo lo tengo asá. ¿Cómo lo hacemos? Vienes tú pa’quí o voy yo pa’ allá. Que me tiren en el gang, eso son cosas del trap. Vuelvo a casa reventao comiendo un cruasán de pollo, que le dice a otro pollo, si quiere apoyo. Pero piensa en tirarle al hoyo. Yo meo en el meollo, mi abuela haciendo tollos. Yo haciendo el Locoplaya con mi inglés de garrafón de agua, Bezoya”
(“El puto amo de casa”: Bejo, 2016)

 

¿Apolíticos?

La combinación putxs-drogas-dinero como temática de las canciones será sobre todo terreno de artistas como Corredores de Bloque, Somadamantina, Click Clack Gvng, PXXR GVNG, La Zowie o Los Zafiros.

El estilo gangsta en una mujer [algo poco habitual en España por entonces] lo veíamos clarísimo en 2012 con un nombre crucial en todo esto: Somadamantina #realG

“Llegó la hora del pago en Chicago. Gordos gangsters me visten el halagos. Mi Chrisler blindado, lo dejo al azar, tiro los dados. Mis cacharras apuntando a todos lados, te rompen como pitis de ducados. Niggas maleducados. Somadamantina pega más que codeína”
(“El Pago”: Somadamantina, 2012)

¿Y dónde queda el amor? En realidad en casi todas partes, no hay más que escuchar el último disco de Kaydy Cain (titulado “Calle Amor”) para ver que no son temáticas incompatibles.

Tangana abrió el camino del rap mezclado con pop con su LOVE’S en 2012 y siempre lo ha mantenido como su punto fuerte, tanto en su mixtape “10/15”, como en “Siempre” –el disco con su crü Agorazein–, y en menor grado en su reciente trabajo “Ídolo”. #neverforget: “Esos cabrones quieren competir, pero es su odio contra mi amor” (“WRLD”: C. Tangana, 2011).

Cuando la filósofa y activista Angela Davis le dijo a Ice Cube (extraigo del libro Generación Hip Hop. De la guerra de pandillas y el grafiti al gangsta rap, de Jeff Chang) que muchas personas daban por sentado que sus letras reflejaban sus propias creencias y valores, refiriéndose en concreto a cuando hablaba de “perras” y “putas”, Ice Cube contestaba: “Quienes dicen que Ice Cube ve a todas las mujeres como perras y putas no prestan atención a las letras. No prestan atención a las situaciones que describo. Realmente, no me escuchan. Creo que son incapaces de ver más allá de las malas palabras”.

El uso del término “puta” –del inglés “bitch”–, así como “hoe” -del inglés “zorra”-, desató algunas de las mayores críticas en torno a esta generación de artistas. Podríamos cerrar el tema con este tweet de Erik Urano, que creo que es la mejor argumentación posible al respecto:

En realidad deberíamos tener ya superadas ciertas expresiones y ciertas letras musicales, o no tomar todas las canciones como realidades sino como ficciones. Que luego se termina diciendo que la música es la causa principal de algunos dramas cuyo causante es el propio sistema.

La Zowi repite la palabra “puta” normalmente, muchas veces lo hace a continuación de su nombre, prácticamente en el arranque de cada uno de sus temas. Cuando se le ha preguntado por el término ha dicho lo mismo que Erik, sus “puta” aluden a hombres y mujeres. Han desprendido a una palabra de toda connotación negativa, han dado una vuelta a su significado:

Algunos todavía piensan que hablar de putxs y dinero y no tener una causa social de lucha en tus letras es incompatible con tener una actitud política. Algunos también creen que en el rap y los estilos que están influidos por el rap de alguna forma, los artistas tienen la obligación de hacer letras sociales y utilizar tropos para hacer llegar un mensaje claro que eduque a los más jóvenes.

A veces se nos olvida que toda obra es política, y en este caso –en muchos artistas de esta generación– lo es en mayor medida de manera implícita. Ms Nina no alude a la causa feminista en sus letras pero, desde dentro, su discurso está empujando a las mujeres a hacer lo que les dé la gana, a mostrarse tal y como son, a tomar actitudes que normalmente están más asociadas a la figura masculina.

“Tú me tienes de rodillas, siempre rezando. Eso no me preocupa chico, voy rumbeando. Vacilando, voy bailando, con las chicas estoy jugando. No me digas que yo pare, tú estás flipando. Que le digo a tu mujer que me estás llamando (…) Chupa, chupa, chupa, chupa, chupa (…)

Somadamantina en “Goofies”: “Tú lo que eres, un goofi. Te miro mal, gafas Gucci. El japonés prepara sushi mientras tu woman me come el pussy”. Bad Gyal en “Dinero”: “Si yo te doy mi culo es porque te lo quiero dar, esto pa’ ti es una ganga. Cuando acabemos el party nos vamos a desayunar pero no te quiero en mi cama”. Quien no vea la dimensión política de sus letras, es que algo está haciendo mal.

Puede que la metáfora y las figuras retóricas no estén presentes en las letras de muchos de estos artistas. También puede ser que debamos dejar que la música evolucione a sus anchas. Con la revolución tecnológica que hemos experimentado en los últimos años y dando por hecho que el lenguaje ha experimentado un cambio en todos sus niveles, ¿cómo no iban a cambiar las letras de la música urbana?

Dentro de toda esta generación [sería imposible nombrar aquí a todos] hay muchas ramas y muchos casos particulares. Sin hablar directamente de política pero sí haciendo un tipo de letras con un gran trasfondo político, subversivo y futurista, hay que tener en cuenta a Erik Urano (la letra llega transcrita directamente por el propio artista):

Soñé con fuego y cruces, sobrevuelo la zona, dejé escapar a mis gorriones. Sígueme hasta donde ya no hay luces, sé de un lugar como Peter Pan, sé de un lugar como Triana. En mi nido, piando ciencia, alpiste al blunto, disciplina como Wu Tang. Sombras a bajas frecuencias, geometría en las baldosas que transito y la secuencia se hace eterna. Carteles con su neolengua, viajes por debajo de la tierra eh! yo antes volaba.
Le puse un precio a mi moral, hoy sé que mi terrorismo crimental no me hará libre. Conecto la palabra con deidades de bloque, un librillo de OCB fue mi libro tibetano de los muertos (…).
(“Gorriones”: Erik Urano, 2014)

Detrás de todo esto lo importante es que en 2017 la palabra sigue provocando revuelo en la música urbana. Sigue siendo un arma, aunque su formato haya cambiado, aunque vaya por otros caminos. Sigue agitando conciencias. Sigue siendo síntoma de rebelión ya sea desde la apariencia o desde el trasfondo.

 


 

ALICIA ÁLVAREZ

Dra. en Narrativa Audiovisual y periodista musical. Profesora de la asignatura Estética y Comunicación de Masas en la Universidad Ramon Llull, donde también es miembro del grupo de investigación Cultura y Audiovisual. Ha trabajado como colaboradora de medios como Concepto Radio, DJ Mag, Playground, Broadly (Vice), Tentaciones (El País) o Beatburguer (web de la que fue editora jefa durante el año 2015). En 2014 co-dirige el documental “BCN, ¿sello discográfico?”, estrenado en el Festival In-Edit.