Séptima edición de la noche Bleep!, convertida ya en una cita habitual para tomarle el pulso cada año a la escena musical aragonesa, centrada principalmente (aunque no únicamente) en la música electrónica y el hip hop.
ANA LAURA ALÁEZ • CARLES CONGOST • PACO GARCÍA BARCO • IGNACIO GUELBENZU • KAORU KATAYAMA • ENRIQUE MARTY • BEGOÑA MOREA ROY • ERWIN OLAF • PABLO PÉREZ MÍNGUEZ • JUAN CARLOS ROLDÁN • PAUL M. SMITH • MIGUEL TRILLO • MASSIMO VITALI
Las representaciones artísticas de lo festivo han estado presentes en las comunidades desde los albores de la humanidad. La fiesta forma parte de la vida y, por tanto, tiene cabida en el arte, que es un reflejo o referente de la misma. Como todo, es un concepto que ha ido cambiando con el transcurso de los tiempos y la evolución de las sociedades.
Hay distintos tipos de fiestas, y no es lo mismo una celebración que un ritual profano o religioso, un carnaval, o un espectáculo. Todas son fiestas, religiosas o profanas, públicas o privadas, y cada una posee unas peculiaridades que les caracterizan.
Una celebración supone que es una fiesta que se repite cada cierto tiempo, como un cumpleaños, el día de Año Nuevo, etc, en las que existen ciertos ritos que son inherentes a la misma como la ingesta de uvas o el apagar las velas de una tarta.
Las celebraciones religiosas marcan etapas de la vida de las personas, normalmente los ciclos vitales, el nacimiento con el bautismo, el paso de la niñez a la juventud con la comunión y la confirmación, el paso a la madurez con el matrimonio, etc, y ungen de características sobrenaturales a los humanos realizando una acción presuntamente catártica. Aunque las celebraciones religiosas casi siempre se acompañan de otras profanas donde se bebe, se come, se canta, se baila y se transgreden los límites.
En los espectáculos festivos hay unos papeles claramente definidos. El artista actúa y el espectador asiste más o menos activo a la representación, como los toros, ciertos conciertos, el teatro (no así en sus comienzos en los que la gente participaba muy activamente), el fútbol, etc.
El carnaval es la fiesta de las fiestas, donde se puede transgredir al máximo, disfrazarse de otro, travestirse, etc Son la comedia, la crítica mordaz, y los bajos instintos los que cobran relieve en el carnaval y ofrecen la posibilidad de ser más que uno mismo. Lo esencial es que yo soy el otro y los límites parecen desdibujarse, sólo existen los legales. Se abandonan las formas sociales y personales para ensayar por unos días otras más libres. De alguna forma, sería la fiesta de la libertad. Carnavales modernos como los brasileños o canarios y otros eventos asimilables, que participan de su espíritu, como las raves, la Love Parade de Berlín, o las celebraciones del orgullo Gay.
En el arte reciente, los happenings de los 60 o las performances posteriores suponen una teatralización del arte con un cariz festivo y de celebración única y exclusiva. En España los Encuentros de Pamplona desarrollaron una celebración festivo-artística que fue muy crítica con el régimen tardofascista de Franco. La fiesta y sobre todo el carnaval siempre han sido temidas por el poder institucional por su capacidad de subversión y trasgresión, y Franco los prohibió en determinadas épocas.
Actualmente los festivales multitudinarios o las rave parties son objeto de las cámaras de Andreas Gursky o Massimo Vitali, y la cultura de club es un referente en la obra de ciertos artistas como Carles Congost o Ana Laura Áláez. En estas fiestas el Dj ejerce de gurú que, a través de la música y junto a los psicotrópicos ingeridos, lleva a las masas al éxtasis y a una especie de comunión mística profana y sexual similar a la religiosa y de corte primitivo y tribal.
Llegados a este punto podríamos intentar acotar algunos parámetros de la fiesta, que de una manera genérica engloba un sinfín de actos que participan en mayor o menor medida de una esencia común, que hoy día y en un ámbito joven sería un acto grupal, con música, preferentemente nocturno, en una escenografía específica y con un vestuario adecuado, con alegría, que acontece para celebrar algo, en el que se disfruta y se deleita, se come y se bebe y se desea que al final haya sexo y siempre asociado al consumo de drogas desde el vino en las fiestas dionisíacas de la antigüedad a las drogas de diseño que se consumen hoy en los macrofestivales o las "raves".
En las obras de esta exposición los artistas muestran y reflexionan acerca de sus percepciones en torno a lo festivo desde distintos ángulos. Obras que tienen una relación más directa con la fiesta como las fotografías-documento de Miguel Trillo, que reflejan los escenarios festivos de los jóvenes españoles de los últimos veinte años. Miguel Trillo, en sus tomas de exteriores, capta la poesía que envuelve el mundo juvenil festivo que se divierte, su naturalidad y sus poses. También Pablo Pérez Mínguez refleja con sus fotografías de la movida los personajes y protagonistas que la hicieron posible, aunque, a diferencia de Trillo, que refleja personajes anónimos, Pérez Mínguez lo hace con los famosos, que recrea en composiciones de estudio muy elaboradas y saturadas de color, vibrantes y poderosas.
A Massimo Vitali, a diferencia de los anteriores, le interesa el ocio del grupo pero distanciado, rebajando la intensidad de los colores, blanqueando el conjunto como una tenue capa mortecina, presentando su obra como escenarios naturales en los que la acumulación de personas es sólo un elemento más del paisaje grandioso, no es el centro de su interés como en los anteriores, sino como el elemento que dota de significado a un gran escenario, sean sus picnics, sus discotecas o, como en este caso, sus playas.

Begoña Morea Roy, en sus piezas de globos, elemento festivo por excelencia, nos habla de frustración y de resistencia. Hasta que estalle sugiere el final dramático de un proceso temporal, como una mala fiesta, los globos están deshinchados, sin fuerza, en una acumulación intencionada. Los globos en estas piezas no cumplen con su función de estar hinchados y elevados. A través de su desubicación y desprovistos de su función esencial, aparecen como elementos extraños que sugieren distintas lecturas (Sweet 16 parece como un inmenso dulce reparador de carencias después de un fracaso).

Para Enrique Marty su fiesta es una especie de orgía sexual privada en un escenario familiar, una fiesta de amigos en la que se satisfagan los deseos más personales, a diferencia de Paul M. Smith que elige un bar para su ronda que comparte con sus amigos que son él mismo, como sus alter egos que le animan y le empujan a beber constantemente. En ambos está presente el exceso como una vía necesaria para el disfrute. También el exceso está patente en otros artistas como en Guelbenzu o García Barcos.

Carles Congost en Supercampeón también tiene un alter ego, un muñeco que le interpela. A través del músico Genís Segarra (de Astrud) y en un formato de programa televisivo de entretenimiento infantil, va desgranando perlas que inciden en la superficialidad de la juventud y presentan la música como algo más que puro entretenimiento, como un vehículo de ideas y evolución, como una llamada de atención a cierto hedonismo vacuo y aletargante de la juventud.

Los videos de Ana Laura Aláez, de Kaoru Katayama o de Juan Carlos Roldán tienen en común el haber sido realizados en una toma-secuencia. En Make-up Ana Laura Aláez está girando sobre sí misma constantemente, en un juego hipnótico, como se presenta una modelo, como gira la bola de la discoteca, ofreciendo distintos atrezzos, distintas maneras de presentarse, de darse a conocer, también como de un maqueo festivo, en el que además de otras vías semánticas se establece una relación con un ambiente festivo, potenciado por el tema musical donde se habla de flotar, la ingravidez, de estar up o down...
Tecnocharro de Kaoru Katayama supone la fusión del baile tradicional de la jota charra con la música electrónica. Causa estupor y sorpresa el ver los movimientos de los danzantes, vestidos con el traje típico charro, al ritmo de la música actual, pero, lo cierto, es que hay un momento en que también se ve natural. Tradición y vanguardia unidos y ensamblados.
Juan Carlos Roldán en Sinfonía Chimo Bayo realiza un proceso similar al de la japonesa, al hacer la versión orquestal del famoso tema de Chimo Bayo Así me gusta a mí, como en un intento de fusión de alta y baja cultura. Un tema nocturno de discoteca desplazado a concierto diurno y popular al aire libre.
Paco García Barcos presenta unos escenarios carnavalescos y surreales donde personajes histriónicos libres de cualquier prejuicio parecen vivir una fantasía personal propia como en una fiesta constante. Y otra fiesta non-stop es la de Ignacio Guelbenzu, que con su instalación Por Exceso, propone una fiesta permanente donde siempre hay música y baile hasta todos los excesos.

Erwin Olaf, en Millenium, hace un tratamiento del baile como una actividad integradora y armonizadora, para todo tipo de personas, independientemente de la raza, el color, las edades, los gustos sexuales, etc. Por el contrario, en Spanking Clowns, además de la clara referencia política, pone de relieve cómo la violencia constituye hoy en día un espectáculo y para muchos su particular fiesta.

Esta exposición está centrada básicamente en las celebraciones festivas de los jóvenes, aunque ofrece visiones diversas y otras más genéricas como la de Massimo Vitali, Erwin Olaf o Begoña Morea Roy. Un abanico festivo que muestra el disfrute humano a través de los ojos del artista. Muestra los rituales preferidos por esta sociedad globalizada para apartarse de la cotidianidad y presenta las suficientes opciones que posibilitan una construcción personal de la fiesta, pensando en vivir el placer del propio deseo. ¡¡Vivid vuestra propia fiesta!!
Antonio Latorre