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MIRANDO
HACIA ADELANTE (CON IRA)
"Si la cultura negra no puede satisfacer las necesidades de la comunidad
al encontrarse maniatada por el racismo capitalista, ¿cuál es su
verdadero propósito?" (André C. Willis)
"El hip hop no es lo que es hoy sino lo que podría ser mañana".
Lo dejó dicho el escritor, periodista y miembro fundador de la Black
Rock Coalition, Greg Tate, en el verso inaugural de un magnífico
poema titulado "What Is Hip Hop?". Y tenía razón. En poco más de
tres años, los que separan el tratado de paz que puso fin a la guerra
entre costas del momento actual, el género ha pasado del coma profundo
a la euforia absoluta para rehabilitarse como causa motriz de la
creatividad y el consumo. Capaz de alcanzar unos niveles de excitación
inasequibles para cualquier otra expresión de la música popular
sin perder su hegemonía en el mercado discográfico, el hip hop está
hoy más vivo que nunca.
Lastrada por una educación donde la black music siempre fue una
asignatura pendiente, la prensa europea no ha sabido o no ha querido
descubrir las claves de este glorioso renacimiento. En su empeño
por enfrentar underground y mainstream ha evidenciado una preocupante
falta de bagaje -una herencia, otra más, del rock- y, lo que es
peor, una escasísima capacidad para el análisis de un género que
renueva en paralelo estándares de producción y star-system. Del
encordado minimalismo de RZA a las bases asimétricas de Timbaland,
pasando por las síncopas cardiacas de Kevin"She'kspeare" Briggs
o los metálicos latigazos de Swizz Beatz, el hip hop se apoya en
las ventas para rehacer una y otra vez sus patrones de sonido. Del
mismo modo, Jay-Z, DMX, Busta Rhymes o Missy Elliott figuran ya,
junto a Chuck D., Guru, Method Man o Q-Tip, en la selecta nómina
de rappers genuinamente inconfundibles. Además, todos ellos se aseguran
jugosos beneficios editando en su propia etiqueta para aprovechar,
vía licencia, las ventajas multinacionales en términos de distribución
y marketing. Como comentaba el líder de Public Enemy al pairo del
fenómeno Eminem: "ningún problema; me gusta ver a chicos blancos
en manos negras y no tanto negro en manos blancas". Eminem, claro,
publica en Aftermath, el label de Dr. Dre.
Atrayendo la atención mediática de nuestro lado del Atlántico, sellos
independientes como Rawkus, Atomic Pop. Beyond Real, Stones Throw,
Fondle 'Em, Solesides (ahora Quanum Projects) o Battle Axe han acelerado
un proceso que los prohombres de la industria dictaron en la célebre
reunión - 3 de abril de 1997; cuartel general de la Nation of Islam
en Chicago- que sucedió al asesinato de Notorious B.I.G. (9/3/97).
El revival old school, es decir, la recuperación de las constantes
del hip hop en los planos visual (graffiti), físico (breakdance)
o simplemente musical (el DJ como figura central), ha traído consigo
una reafirmación de los ideales del colectivo Native Tongues (De
La Soul, A Tribe Called Quest, Jungle Brothers y compañía) que también
rentabilizan sus más directos herederos: los excelentes The Roots,
Common, Mos Def, Dilated Peoples, Black Eyed Peas, Slum Village
o Jurassic 5.
La mayor preocupación de esta vertiente regeneracionista ha consistido
en reparar, sobre todo en el terreno estético, la conexión con la
tradición cultural afro-americana. El groove, las buenas vibraciones,
la conciencia social y la corrección política ( ni sombra de homofobia
o machismo) están muy bien pero, por seguir citando a Tate: "el
hip hop por muy corporativo que se vuelva, perdurará como un recipiente
de la ira del hombre negro". No deja de ser curioso que la tan cacareada
escena independiente -la corporación No Limit, propiedad de Master
P, y hasta su acuerdo con Universal, Cash Money, compartían sustrato
y nadie les dedicó ni una línea- haya pasado casi de puntillas por
los terribles asesinatos de Amadou Diallo (Nueva York), Aquan Salmon
(Hartford) o Deron Grimmett (Pittsburg). Entre la avalancha de voces
que, desde otros ámbitos, claman contra la brutalidad policial,
la publicación de "Hip Hop For Respect" (Rawkus, 00), un EP con
Black Star (Mos Def y Talib Kweli), Rah Digga, Common, Channel Live
y Kool G. Rap, parece una broma pesada. Por fortuna, ahí están Dead
Prez, el grupo más politizado desde Public Enemy, y su anabolizante
"Let's Get Free" (Loud, 00), un debut con la perspectiva de "What's
Going On" (Marvin Gaye) y la potencia nuclear del conscious ragga,
para recordarnos que la CNN del pueblo negro debería ir pensando
en reanudar sus emisiones.
En cualquier caso, los principales argumentos del underground a
la hora de defender su aportación artística al hip hop en los últimos
años, proceden de dos corrientes que podríamos calificar de supragenéricas.
Por un lado el turntablism que, elevando al DJ a la categoría de
músico y a través de la encombiable labor de escuderías como Bomb
Hip Hop, OM o Asphodel, ha colocado en el sitio que sin duda merecen
a Invisibl Skratch Piklz (DJ Q-Bert, Mixmaster Mike, Yografog, Dj
Disk y Shortkut), The X-ecutioners (Mista Sinista, Total Eclipse,
Rob Swift y Roc Raida), Beat Junkies, Dj Faust o Dj Apollo. Por
otro, el avant-hop, esa mezcla entre abstracción y avant-garde que,
en clara simbiosis con el spoken-word, sublima la obra de People
Under The Stairs, Sonic Sum, Company Flow, Saul Williams, Mike Ladd
y, por supuesto, Anti Pop-Consortium.
La presencia de Priest, Beans y M Sayyid -ahí quedan sus colaboraciones
con Arto Lindsay, Kevin Martin o Alec Empire-, en nuestro país debería
de ser saludada como un auténtico acontecimiento. Veteranos del
circuito que recorría tangencialmente la película "Slam" (Marc Levin,
98) y máximos representantes de la hibridación entre rap y poetry,
los tres MC's neoyorquinos han encontrado en la producción de Earl
Blaze -la huella de Kool Keith y Phoenix Orion- el estímulo necesario
para pasar de la clandestinidad del cassette a la inevitable notoriedad
de uno de los álbumes del año. Con el marchamo de 75 Ark, la marca
de Dan The Automator, "Tragic Epilogue" (75 Ark, 00) comienza con
una soberana declaración de principios: "Guntalk run New York now,/
Here we run lyrics, lyrics". Es "Laundry", el umbral a cincuenta
y cinco minutos de exuberancia lingüística que basculan entre el
story-telling (la connmovedora "Risenflow"), la salmodia callejera
y la soflama incendiaria. Exploraciones electroacústicas ("Eyeball"),
dub galáctico y tribal ("Drivin In Circles"), guiños a The Buthole
Surfers -"Here They Come Now", posible negativo de su versión de
"Hurdy Gurdy Man"- y cameos de Acelyalone, Pharoah Monch y ¿Organized
Konfusion? en un disco que, junto a "Welcome To The Afterfuture"
(Likemadd, 99), "The Isolationist" (Jazz Fudge, 00) o "Gun Hill
Road" (Big Dada, 00), desbrozan una de las sendas a recorrer. Claro
que, como diría el bueno de Tate:"el único problema a la hora de
hablar del futuro del hip hop es que el hip hop inventó el futuro
hace ya veinticinco años".
GERARDO SANZ
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