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En esta sección del festival se trata de llevar a cabo una antología o retrospectiva de personajes y/o colectivos que, debido a su trayectoria y a su espíritu innovador, vanguardista y fronterizo, pueda nuclear un conjunto de actividades multidisciplinares en torno a su figura.
Este año, esos polos creativos son Jeff Mills y Arto Lindsay, a cuyo alrededor se han organizado sendas noches dedicadas a la creatividad musical de las ciudades de Detroit y Nueva York.

JEFF MILLS
Viernes 3, a partir de las 23´30h, en el Palacio Municipal de los Deportes.- Es uno de los Polos Creativos de esta primera edición del festival. Considerado unánimemente como el mejor disc-jockey del mundo, este gran creador de techno vehiculará alrededor suyo una noche íntegramente a la música de Detroit (ciudad de la que procede), en la que también actuarán DJ ASSAULT (sonido ghetto bass) y RANDOM NOISE GENERATION (electro/techno).

ARTO LINDSAY

Sábado 4, a las 23h, en la Carpa.- Arto Lindsay (USA/Brasil) es otro de los Polos Creativos del festival. Alrededor de esta gran figura de la vanguardia musical neoyorquina, que combina jazz, electrónica, ritmos brasileños y música experimental, actuarán también algunos de los colaboradores de sus discos: DJ SPOOKY (sonido illbient) y ANTI POP CONSORTIUM (rap).


MIRANDO HACIA ADELANTE (CON IRA)

"Si la cultura negra no puede satisfacer las necesidades de la comunidad al encontrarse maniatada por el racismo capitalista, ¿cuál es su verdadero propósito?" (André C. Willis)

"El hip hop no es lo que es hoy sino lo que podría ser mañana". Lo dejó dicho el escritor, periodista y miembro fundador de la Black Rock Coalition, Greg Tate, en el verso inaugural de un magnífico poema titulado "What Is Hip Hop?". Y tenía razón. En poco más de tres años, los que separan el tratado de paz que puso fin a la guerra entre costas del momento actual, el género ha pasado del coma profundo a la euforia absoluta para rehabilitarse como causa motriz de la creatividad y el consumo. Capaz de alcanzar unos niveles de excitación inasequibles para cualquier otra expresión de la música popular sin perder su hegemonía en el mercado discográfico, el hip hop está hoy más vivo que nunca.

Lastrada por una educación donde la black music siempre fue una asignatura pendiente, la prensa europea no ha sabido o no ha querido descubrir las claves de este glorioso renacimiento. En su empeño por enfrentar underground y mainstream ha evidenciado una preocupante falta de bagaje -una herencia, otra más, del rock- y, lo que es peor, una escasísima capacidad para el análisis de un género que renueva en paralelo estándares de producción y star-system. Del encordado minimalismo de RZA a las bases asimétricas de Timbaland, pasando por las síncopas cardiacas de Kevin"She'kspeare" Briggs o los metálicos latigazos de Swizz Beatz, el hip hop se apoya en las ventas para rehacer una y otra vez sus patrones de sonido. Del mismo modo, Jay-Z, DMX, Busta Rhymes o Missy Elliott figuran ya, junto a Chuck D., Guru, Method Man o Q-Tip, en la selecta nómina de rappers genuinamente inconfundibles. Además, todos ellos se aseguran jugosos beneficios editando en su propia etiqueta para aprovechar, vía licencia, las ventajas multinacionales en términos de distribución y marketing. Como comentaba el líder de Public Enemy al pairo del fenómeno Eminem: "ningún problema; me gusta ver a chicos blancos en manos negras y no tanto negro en manos blancas". Eminem, claro, publica en Aftermath, el label de Dr. Dre.

Atrayendo la atención mediática de nuestro lado del Atlántico, sellos independientes como Rawkus, Atomic Pop. Beyond Real, Stones Throw, Fondle 'Em, Solesides (ahora Quanum Projects) o Battle Axe han acelerado un proceso que los prohombres de la industria dictaron en la célebre reunión - 3 de abril de 1997; cuartel general de la Nation of Islam en Chicago- que sucedió al asesinato de Notorious B.I.G. (9/3/97). El revival old school, es decir, la recuperación de las constantes del hip hop en los planos visual (graffiti), físico (breakdance) o simplemente musical (el DJ como figura central), ha traído consigo una reafirmación de los ideales del colectivo Native Tongues (De La Soul, A Tribe Called Quest, Jungle Brothers y compañía) que también rentabilizan sus más directos herederos: los excelentes The Roots, Common, Mos Def, Dilated Peoples, Black Eyed Peas, Slum Village o Jurassic 5.

La mayor preocupación de esta vertiente regeneracionista ha consistido en reparar, sobre todo en el terreno estético, la conexión con la tradición cultural afro-americana. El groove, las buenas vibraciones, la conciencia social y la corrección política ( ni sombra de homofobia o machismo) están muy bien pero, por seguir citando a Tate: "el hip hop por muy corporativo que se vuelva, perdurará como un recipiente de la ira del hombre negro". No deja de ser curioso que la tan cacareada escena independiente -la corporación No Limit, propiedad de Master P, y hasta su acuerdo con Universal, Cash Money, compartían sustrato y nadie les dedicó ni una línea- haya pasado casi de puntillas por los terribles asesinatos de Amadou Diallo (Nueva York), Aquan Salmon (Hartford) o Deron Grimmett (Pittsburg). Entre la avalancha de voces que, desde otros ámbitos, claman contra la brutalidad policial, la publicación de "Hip Hop For Respect" (Rawkus, 00), un EP con Black Star (Mos Def y Talib Kweli), Rah Digga, Common, Channel Live y Kool G. Rap, parece una broma pesada. Por fortuna, ahí están Dead Prez, el grupo más politizado desde Public Enemy, y su anabolizante "Let's Get Free" (Loud, 00), un debut con la perspectiva de "What's Going On" (Marvin Gaye) y la potencia nuclear del conscious ragga, para recordarnos que la CNN del pueblo negro debería ir pensando en reanudar sus emisiones.

En cualquier caso, los principales argumentos del underground a la hora de defender su aportación artística al hip hop en los últimos años, proceden de dos corrientes que podríamos calificar de supragenéricas. Por un lado el turntablism que, elevando al DJ a la categoría de músico y a través de la encombiable labor de escuderías como Bomb Hip Hop, OM o Asphodel, ha colocado en el sitio que sin duda merecen a Invisibl Skratch Piklz (DJ Q-Bert, Mixmaster Mike, Yografog, Dj Disk y Shortkut), The X-ecutioners (Mista Sinista, Total Eclipse, Rob Swift y Roc Raida), Beat Junkies, Dj Faust o Dj Apollo. Por otro, el avant-hop, esa mezcla entre abstracción y avant-garde que, en clara simbiosis con el spoken-word, sublima la obra de People Under The Stairs, Sonic Sum, Company Flow, Saul Williams, Mike Ladd y, por supuesto, Anti Pop-Consortium.

La presencia de Priest, Beans y M Sayyid -ahí quedan sus colaboraciones con Arto Lindsay, Kevin Martin o Alec Empire-, en nuestro país debería de ser saludada como un auténtico acontecimiento. Veteranos del circuito que recorría tangencialmente la película "Slam" (Marc Levin, 98) y máximos representantes de la hibridación entre rap y poetry, los tres MC's neoyorquinos han encontrado en la producción de Earl Blaze -la huella de Kool Keith y Phoenix Orion- el estímulo necesario para pasar de la clandestinidad del cassette a la inevitable notoriedad de uno de los álbumes del año. Con el marchamo de 75 Ark, la marca de Dan The Automator, "Tragic Epilogue" (75 Ark, 00) comienza con una soberana declaración de principios: "Guntalk run New York now,/ Here we run lyrics, lyrics". Es "Laundry", el umbral a cincuenta y cinco minutos de exuberancia lingüística que basculan entre el story-telling (la connmovedora "Risenflow"), la salmodia callejera y la soflama incendiaria. Exploraciones electroacústicas ("Eyeball"), dub galáctico y tribal ("Drivin In Circles"), guiños a The Buthole Surfers -"Here They Come Now", posible negativo de su versión de "Hurdy Gurdy Man"- y cameos de Acelyalone, Pharoah Monch y ¿Organized Konfusion? en un disco que, junto a "Welcome To The Afterfuture" (Likemadd, 99), "The Isolationist" (Jazz Fudge, 00) o "Gun Hill Road" (Big Dada, 00), desbrozan una de las sendas a recorrer. Claro que, como diría el bueno de Tate:"el único problema a la hora de hablar del futuro del hip hop es que el hip hop inventó el futuro hace ya veinticinco años".

GERARDO SANZ