“Cuando cierras el puño, nadie puede depositar nada en tu mano”
Alex Haley

Me place escribir para Periferias. En Huesca existe un pico llamado del Águila y en Huesca actuó el gran Amiri Baraka, una de las primeras personas con quienes hablé a fondo sobre la cultura afroamericana, cuando, después de años de residir en Estados Unidos, me percaté de que sabía muy poco de ella. Hasta entonces, mi interés, mis vivencias, mis trabajos se habían centrado sobre todo en las vanguardias heterodoxas y en los hispanos (más exactamente en los nuyoricans y los chicanos). Sin embargo la gran personalidad de los Estados Unidos reside en su cultura negra. Cuando me trasladé a Los Ángeles, llamó mi atención que los barrios estuviesen más segregados que en la Gran Manzana. El alejamiento geográfico de la población afroamericana hizo que la echara de menos. En West Hollywood, zona en la que nos instalamos José Luis Gallero y yo, estaba ubicada Counterpoint, una librería de ocasión que tendría que haberse llamado “La cueva de Alí-Babá”. Su dueño no vendía cualquier libro. Cada uno parecía haber sido escogido personalmente y luego clasificado con esmero. Los títulos de la “African-American Section” me eran prácticamente todos desconocidos. Así empezó mi educación.

Las preguntas que se formulan los estudiantes de alguna materia suelen ser contestadas por los profesores que las enseñan. Así que decidí intentar conocer a los autores que más me deslumbraron en el curso de mis abundantes pero desordenadas lecturas. Las citas que fui obteniendo a lo largo de dos años me aportaron mucho más que simples respuestas. Con la mayoría de los entrevistados he desarrollado un vínculo particular. En ocasiones a distancia —pero siguiendo siempre su trabajo— y, en otras, por medio de colaboraciones diversas: comisariar exposiciones, encargar textos, promover filmaciones… Todo ello desembocó en la fundación —junto a Gallero— de BAAM, biblioteca de consulta que publica una colección de libros cuyos títulos, a pesar de ser seminales, nunca han sido traducidos al castellano.

EN EL PICO DEL ÁGUILA. Mireia Santís

EN EL PICO DEL ÁGUILA. Mireia Sentís

Mi “coartada” para obtener de mentes excepcionales respuestas a las cuestiones que iban surgiendo en el curso de mis indagaciones, era la preparación de un libro. En el pico del águila comparte esas respuestas con el lector, pero deja de lado la posterior relación con los entrevistados, tema que me propone abordar el director de Periferias. Como es natural, no las tenía todas conmigo: ¿cómo convencer a personas ilustres y muy ocupadas para que dedicaran tiempo a una aprendiz que ni siquiera tenía editor? He de añadir que los personajes con los que me proponía entrar en contacto no eran precisamente los más cómodos para el establishment de su país y debían, sin duda, ser duros de pelar. Rompí el hielo con Amiri Baraka, que había acudido a Los Ángeles a dar un recital. Cuando, al final del mismo, me acerqué para proponerle una cita, me sorprendió su reacción: me miró directamente a los ojos sin decir nada durante unos segundos (que me parecieron eternos) y sin más preámbulos dijo: “Okey, ¿qué tal mañana por la mañana en mi hotel?” Esa entrevista fue importante. Me desinhibió para seguir intentando encontrarme con otros intelectuales y artistas. Alguien con fama de radical y de extremadamente crítico puede, al mismo tiempo, ser amable y paciente, actitud que se reprodujo en prácticamente todas las citas. También, a partir de entonces, podía presentar curriculum: había dialogado con LeRoi Jones. Volví a verlo varias veces en su casa de Newark, repleta de libros, donde organizaba sesiones abiertas de poesía y música. Correspondiendo a mi invitación, escribió un elogio póstumo de Jackie McLean para un monográfico de la revista Matador. Para mi sorpresa, resultó que muchos de mis interlocutores eran amigos entre sí, lo que facilitó la fluidez de mi contacto con unos y otros y amplió mi propio círculo de amistades.

En el pico del águila tiene un subtítulo: “Introducción a la cultura afroamericana”. Eso explica por qué quise que los entrevistados contaran con una larga trayectoria a sus espaldas. Pero por eso mismo, tres de ellos ya no están entre nosotros: June Jordan, Gordon Parks y el propio Amiri/LeRoi. A pesar de ello, han seguido presentes en mi pensamiento: escribí un obituario de Baraka para El País, y en 2012 publicamos Dificultades técnicas, una recopilación de ensayos de June Jordan, exquisita escritora que me hizo entender las claves gramaticales del habla negra que yo percibía como lenguaje desordenado. Siempre he tenido la impresión de que Angela Davis me concedió una entrevista después de saber que me había reunido con Jordan, tan admirada por ella. Me costó año y medio que Davis accediera a participar en el libro. Su recelo hacia los periodistas viene de lejos y no quiere perder el tiempo rememorando épocas sobre las cuales ya se ha extendido suficientemente. Le interesan los cambios que quedan por hacer. Angela aceptó escribir la introducción a nuestro libro de June Jordan. En la actualidad, BAAM prepara una antología de la Davis para la cual hemos querido contar con su aprobación en cuanto a la elección de los textos. A pesar de tener varias novelas traducidas al castellano, Ishmael Reed —cuyos análisis políticos son siempre demoledores— no contaba con ningún ensayo en nuestra lengua, hasta que BAAM subsanó ese hueco. Reuní a Quincy Troupe y Walter Mosley en Washington para que conversaran sobre Derechos Humanos en un programa especial de Canal Plus. Troupe, que nos acogía en la galería de su mujer Margaret Porter en La Jolla —¡cuanto aprendí allí sobre arte afroamericano!— se trasladó luego a Harlem, donde el matrimonio utiliza su casa como sede, o salon, para acontecimientos culturales. Con Eric Priestley viví momentos verdaderamente disparatados, bien acompañándole a estudios cinematográficos de Hollywood (donde siempre tenía algo entre manos), a lecturas poéticas en Watts o a peculiares excursiones por Manhattan.

Amiri Baraka en su actuación del Centro Cultural del Matadero. Huesca, 29 abril 2009. Foto: Jesús Moreno.

Amiri Baraka en su actuación del C.C. Matadero. Huesca, 29 abril de 2009. Fotos: Jesús Moreno.

Steve Cannon es mi vecino en Nueva York. Cuando estoy allí, lo veo un día sí y otro también. Cerró su galería, pero sigue con la publicación on-line y las ediciones de A Gathering of the Tribes. En su guarida se forjaron mis colaboraciones con David Hammons, David Henderson o el recién desaparecido Butch Morris. Mi historial con Cannon es denso: expuse mi serie Black Suite en su galería, le propuse co-comisariar El humor y la rabia, una muestra que tuvo lugar en La Pedrera de Barcelona (“¿Cómo explicarás que tienes de partner a un ciego?”, me preguntó antes de aceptar), firmó más de un texto para publicaciones españolas y no pierdo oportunidad de hacerle hablar por los codos para disfrutar de sus comentarios sobre la actualidad o el mundo cultural, siempre sembrados de imaginativos juegos de palabras. A menudo le leo la prensa, vamos a “ver” exposiciones, asistimos a las obras de teatro de Ishmael, salimos a escuchar música; y nos peleamos… En el pico del águila se publicó hace casi dos décadas y, aunque en ocasiones echo de menos algunas voces que he conocido más tarde, su subtítulo se ha revelado, por lo menos para mí, de una exactitud milimétrica.


La autora

Mireia Sentís

Mireia Sentís

Mireia Sentís es escritora y fotógrafa. Trabaja entre Madrid, Nueva York y Barcelona. Ha colaborado con diferentes instituciones culturales y medios de prensa, radio y televisión. Es autora de los libros “Al límite del juego” (Ardora Ediciones, 1994) y “En el pico del águila. Una introducción a la cultura afroamericana” (Ardora Ediciones, 1998). Actualmente dirige el proyecto BAAM (Biblioteca Afro Americana Madrid).