“Nuestra época prefiere la imagen a la cosa, la representación a la realidad, la apariencia al ser… Para ella, lo único sagrado es la ilusión, mientras que lo profano es la verdad. Es más, lo sagrado se engrandece a sus ojos a medida que disminuye la verdad y aumenta la ilusión, tanto que el colmo de la ilusión es para ella el colmo de lo sagrado”.
Ludwig Feuerbach
“Hay que comer mucho caviar para poder llevar un plato de lentejas a casa”.
Anónimo, sobre el trabajo de periodista.

 

1. Aquí unos amigos

Sergio Ramos & Mariló Montero, temporada 2014/15. Entonces cotizaban como tontos. Oficiales, por así decirlo. Y cotizaban alto. Seguro que ahora hay otros tontos y los hay mejores, pero uno debe ser fiel a sus devocionarios. SR & MM fueron mi primera noción aproximada de lo que es el Tonto en Red. ¿Qué es eso? Básicamente un tonto que explota su potencial para sacar algún provecho. Una figura rica en matices que intentará explicar este texto, así como la complejidad de su engranaje con su entorno. Se planteará también en qué medida la exposición al Tonto en Red puede suponer una alteración en la conciencia del espectador, siendo transportado a la certeza, tan inmediata como discutible de que, si se ríe del tonto, es distinto a él. Y es, en consecuencia, inteligente.

Pese a presentar analogías, la experiencia del consumo de drogas y la exposición al Tonto en Red parten de inferencias opuestas. Si la primera reproduce el fenómeno de la fusión –soy la reacción resultante a la fusión de mi organismo con la sustancia ingerida: Soy (nuevo con) lo que ingiero–, el segundo imitaría al de la fisión –un mismo núcleo pesado (el espectáculo) separa dos subnúcleos: el que actúa y el que se ríe de él: No soy lo que observo–.

Bueno, creo que sabemos de lo que hablamos. Es la férrea disciplina de la estulticia celebrada. Es una sospechosa ingeniería perfecta del error constante más allá de la risa.

A primera vista la figura del Tonto en Red sería equivalente a la del tonto del pueblo. El raro atractivo del contramodelo perfila la imagen de un Otro que será, por oposición, la primera piedra de la identidad de los Unos, el colectivo normativizado. Pero, a diferencia de aquel, el Tonto en Red sí detenta un cierto grado de poder & status. Y, desde el rígido control de una franquicia de la estupidez interesada, no trata de ocultar su condición sino que la pule, la sobreactúa y la explota. Siguiendo el hilo de esta hipótesis, el Tonto en Red tendría plena conciencia de su función de faro inverso, de antioráculo. Se haría el tonto.

Vale, sabemos de lo que estamos hablando. Es la bizarra soberanía de un líder que siempre se resbala con una piel de plátano. Es la apoteosis del Carnaval inverso. Solo en apariencia, este freak autoinducido reproduce la función del chivo expiatorio. Y, aunque se nos muestre en constelación politeísta (cada cual tiene sus tontos de cabecera), repite esquemas análogos al mesianismo cristiano.

“El rey mesías (…) es también el cordero de Dios, que lava los pecados del mundo, prolongación de la esperanza” pague él por nosotros”, que funciona como terapia indiscutida (…). Desde la noche de los tiempos (..) hay noticias de animales y seres humanos inmolados por motivos tan diversos como alejar plagas, sanar a personas singulares (…). Sin embargo, el chivo expiatorio de naturaleza mesiánica revoluciona la transferencia del mal, añadiéndole el consuelo de la venganza, que coincide con la salvación en sentido estricto” (Antonio Escohotado, Los enemigos del comercio II). Si bien, en el caso que nos ocupa, el consuelo de la venganza se cifra en el escarnio público.

Okei, es posible que se parta de un barro original propicio que nos haga difícil discernir si el personaje se hace el tonto o no le resulta necesario. Así, la hipótesis del freak autoinducido con la ayuda de guionistas o community managers que perfilan su línea editorial sería discutible. No lo es tanto su éxito de audiencia. Por tanto, la cuestión esencial es: ¿por qué la exposición del error es motivo constante de celebración?

El cambio de siglo enmarca un giro en la percepción de la figura icónica de la estrella. Tomando la prensa rosa como síntoma, el viejo orden del espectáculo que provocaba a la vez admiración y envidia (X & Z nos abren las puertas de su casa en Punta Cana ) convive ahora con publicaciones en que su imagen es objeto de PINTA y COLOREA (ponles bigotes y cuernos). Cuore se presenta a sus lectores con este lema: La única revista capaz de subirte la moral. El leitmotif parece claro: para tu bienestar, lo público será bufo o no será. Precisamente en un momento de crisis en que el bienestar privado de todo ciudadano medio está en la cuerda floja.

La cuestión es que ese leitmotif parece ser ahora condición sine qua non para toda figura que pretenda aparecer en el espacio común, en una transversalidad que va de la política a la cultura, y como un requisito innegociable de la Democracia Pulp. Esa pretendida relación horizontal parte de una premisa radicalmente perversa: para igualarte con el espectador, debes rebajarte. Al final de este proceso, será el observador a quien se haga creer que está por encima del observado. Cuando en realidad las leyes del espectáculo están cifrando en el espectador la medida del declive, el fondo de un naufragio.

Así las cosas, parece que todos necesitamos tontos cerca. Pues esa es la medida de nuestra inteligencia. Dicho de otro modo, el tonto es nuestro pódium (ven, móntate en mi grupa, ponte esa medalla). Según las leyes no escritas del espectáculo, el gran negocio está hoy en día en la fabricación de pódiums falsos. Aunque también un pódium falso puede ser el signo preciso, la metáfora literal de la desaparición de la tierra sobre la que todos nos asentamos, el fin de un mundo tal como lo conocimos. Y quizás la vía de escape nos dice en realidad: desaparezca aquí.

Pero bueno, tampoco nos pongamos tan estupendos. Integremos un poco el apocalipsis. Okei, un fantasma recorre la red disfrazado de sábana. O el rey estaba desnudo sólo para venderte su crema solar. O bien te colocó un espejo haciéndote pensar que era una ventana. Porque todo eso ya lo sabe hasta el mismo mouse de tu PC: el tonto es para quien se lo trabaja. Siempre. En todas tus pantallas. ¿Y qué? Total, habíamos venido a divertirnos, ¿no?

 

2. Sign o Times

Guy Debord publicó La Sociedad del Espectáculo en 1967.

“La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación”.
“El espectáculo no es un conjunto de imágenes sino una relación social entre las personas mediatizada por las imágenes”.
“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice más que eso: “lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece”. No debe entenderse el espectáculo como el engaño de un mundo visual, producto de las técnicas de difusión masiva de imágenes. Se trata más bien de una cosmovisión (Weltanschauung) que se ha hecho efectiva, que se ha traducido en términos materiales. Es una visión del mundo objetivada”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Si Debord y los situacionistas sientan las bases del mayo del 68, en la España de principios del XXI el espíritu de la época en que el TR copa la atención de todas las miradas es decretado por este slogan:


Así pues, y una vez sentada esta premisa básica, nos queda claro que el TR tiene un público que no es tonto. El anuncio del signo de los tiempos es fatalmente epifánico en tanto que el nombre de la empresa no deja lugar a dudas sobre el tema que nos ocupa: el mercado de los medios.

Es ilustrativo comparar la posición de la publicidad frente al consumidor en una fase inicial del capitalismo moderno –años 20 del siglo pasado– con la actual. Este detalle de El gran Gatsby de Scott Fitzgerald, el cartel oxidado de un oculista, el Doctor T. J. Eckleburg, cuyos “ojos azules son gigantescos, con pupilas de un metro de altura”. Más allá de otras consideraciones simbólicas, me interesa su posición cenital, acechante, que contempla la tragicomedia humana desde un nivel superior. “Desde luego Coppola entendió que aquellos ojos eran importantes para Scott Fitzgerald, que eran mucho más que un detalle de ambiente. Le ayudó a entenderlo este diálogo, que se desarrolla cuando el gasolinero está en estado de shock por la muerte de su esposa. Está amaneciendo y de la oscuridad de la noche emergen los ojos del doctor T. J. Eckleburg, “pálidos y enormes”:

–¡Dios lo ve todo!– repitió Wilson.
–¡Si es un anuncio!–afirmó Michelis.
Ignacio Vidal Folch, El País.
Los Ojos del Doctor T.J. Eckleburg

Los Ojos del Doctor T.J. Eckleburg

Me interesa el fulgor explícito de esa equiparación: el dios que todo lo ve en forma de anuncio. Más allá de eso, el hecho de que Scott Fitzgerald, en un inglés de principios del XX use la palabra spectacles para referirse a las gafas, habrá de ser tomado como una mera coincidencia a favor. (“They look out of no face but, instead, from a pair of enormous yellow spectacles which pass over a nonexistent nose”).

El Gran Gatsby Versión 2013, Baz Luhrmann

Así las cosas, el tránsito que va del anuncio de Scott Fitzgerald al de Media Markt representa la evolución de la actitud de la publicidad frente al consumidor: desde aquella figura del dios cenital, en superioridad jerárquica frente a los hombres, al trato de igual a igual en que una especie de dios tron(co) basa el negocio en la apariencia de complicidad.

Los anuncios de Media Markt se emiten en horario prime time. De unos años aquí, los programas de información política concebida como espectáculo son líderes de audiencia fundándose en un simple mensaje de fondo dirigido al público: observa, cualquiera de estos hombres es más tonto que tú (barra es peor que tú). No es demasiado importante que la realidad pueda darle la razón al vendedor de pódiums. Y sí que ese mensaje, que debiera ser el punto de partida para la crítica, suponga en cambio la conformación de una tendencia. Si frente a una enfermedad, la reacción lógica sería “vamos a erradicarla”, la lógica espectacular opta por el “vamos a reproducirla” (esta enfermedad tiene mucho público). Así pues, si la gente quiere ver tontos, hay que dárselos. Y ninguna crítica que incumpla las leyes del TR (cambiantes, caprichosas, pero siempre intencionadas) podrá suplir su atractivo.

Tal como se vio en las últimas elecciones, todos los candidatos excepto el presidente son obligados a pasar por el túnel del terror del trashpop explicando cómo les gusta follar, tocando la guitarra o hablando de política con niños. (Como si esos niños fueran la metáfora perfecta del espectador. Como si esos niños haciéndose los mayores fueran el reverso mimético de adultos comiendo comida para niños). Sea como fuere, también el presidente y otros viejos representantes de la política deben avenirse a las demandas del trashpop de uno u otro modo. Siempre tras una aparente actitud casual, una nonchalance distante del que pretende que la cosa no va con él del todo. Una actitud que es, por otro lado, seña de identidad del TR, bien expresada en el lema: Oops, I did it again, (Britney Spears). Un mohín de aparente desinterés que no es inocente. (Oops I did it again I played with your heart got lost in the game // Oops , you think i,m in love / That i, m sent from above/ I,m not that innocent).

Cuando empecé a escribir este texto hice un volcado de referencias que incluyeran el concepto tonto y recordé el libro de poemas de Rafael Alberti, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, en que se rinde homenaje a Chaplin, Keaton y el cine mudo. Buscando referencias en la red di con este artículo de Luis García Montero, de igual título. Al abrirlo vi aparecer, omnipresente (si bien lateral, en posición de dios tron) el anuncio de Media Markt. Mientras García Montero da cuenta de la práctica política como latrocinio (caso Bárcenas) la publicación que le paga es financiada por una empresa cuyo lema es “El gran sinpa”. De lo cual se puede concluir que toda lectura que separe o discrimine la publicidad de los contenidos es ineficiente. El viejo llanto que repite que los anuncios interrumpen lo que estás viendo, pone de manifiesto lo que no quieres ver, pero es parte esencial del relato. Y se lamenta por la interrupción de una presunta totalidad cuando, en realidad, el texto completo es el que le ofrece la suma de los contenidos (películas, series, eventos deportivos) + los anuncios. Esa queja reivindica por tanto el texto demediado, amputado o parcial. El punto de fuga frente al mapa del lugar que, por supuesto, lo incluye también.

captura-yoerauntonto

Pues, en palabras de Debord, “el carácter tautológico del espectáculo se deriva del hecho simple de que sus medios son, al mismo tiempo, su fin. (Es el sol que nunca se pone en el imperio (…) que recubre toda la superficie del mundo y se apoya indefinidamente en su propia gloria)”. “El espectáculo, entendido en su totalidad, es al mismo tiempo el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento del mundo real, una decoración sobreañadida. Es el núcleo del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares –información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones–, el espectáculo constituye el modelo actual de vida socialmente dominante”.

 

3. Naturaleza & Sociedad

¿Qué tipo de sociedad se complace con que le llamen inteligente? Posiblemente, una sociedad a la que la inteligencia no le está sirviendo de mucho. O le ha cogido con el paso cambiado. Entre finales de la dictadura y principios de la democracia se da el ansiado acceso de los hijos de las clases medias a la universidad. Y tras una primera fase en que las diplomaturas suponen un rápido acomodo en la vida laboral, periódicas crisis nos hacen aterrizar en el realismo sucio de la demanda de empleo, inversamente proporcional a la hipercualificación de los estudios universitarios (másters, etc…).

En este estado de desequilibrio entre conocimientos y remuneración, puede que esta inteligencia decepcionada necesite refuerzos. Por varios frentes tiene lugar el asedio a la inteligencia tal como la conocimos. Pues, por otra parte, internet supone un tránsito del viejo conocimiento al nuevo conocimiento. Un movimiento de tierras en sus jerarquías. No solo desde el punto de vista generacional (el joven sabe más que el viejo en materia de informática), sino también socio-económico.

Si en los 70 del siglo pasado los hijos de la clase obrera buscaban (re)conocimiento & placer en las culturas del rock mientras sus padres trabajaban duro para que accedieran a la universidad, muchos de los nuevos working class heroes han conseguido aunar ocio y trabajo en el estudio de la informática, de modo autodidacta o reglado. Hoy, en las tiendas de reparación de ordenadores, detrás de cada mostrador han de escuchar día tras día el llanto por un disco duro en boca de profesores universitarios, arquitectos o abogados que dejan en sus manos su saber o su trabajo.

Esta clase media es la más desconcertada frente al cambio de escenario que la crisis y la revolución tecnológica han traído consigo. Improvisemos un rápido cuadro de costumbres para ilustrarlo:

Tú eres un contable de una ciudad mediana // A ti se te ha estropeado el PC // Tienes la contabilidad de toda tu empresa ahí // Y no // No has hecho copia en disco externo // El dealer de tu hija le había recomendado en su día a un chaval que se ve que es la bomba// con lo de la informática // Él le dio su tarjeta // Tu hija te la da // El chaval va a tu casa // Tiene más agujeros en la cara // que 7 campos de golf juntos // con piercings a través // Le echa un vistazo // al ordenador // Dice que no tiene mala pinta // (La avería) // Aunque tu PC // es algo puretilla , no? // (sic) // y se ríe // Tú también te ríes // pero diferente // Ha mirado a tu hija y ella le ha mirado // Luego han hablado un rato // en clave de pin & de puk // luego se han dado los móviles // Él se ha despedido // Te ha dicho en unos días ya lo tienes // Oye que como nuevo // Sin problema // Tú hablas de todo con tu hija// Así que le dices // Simpático tu amigo // Tu mujer le pregunta ¿es un swagger? // Y tú dices // ¿Qué es eso? // Tu mujer pues los chicos // que se ponen en la puerta // del Apple Catalunya // y se quedan ahí // sin hacer nada // (Sin hacer nada?!?!) // Piensas en tu PC // Tu hija aporta luz // No // Él es distinto // Tu mujer insiste // ¿Entonces un swagger // es como un ciberchoni? // Ai, mama // que se te va la olla // A las dos semanas // Él ha arreglado tu ordenador // a un módico precio // A las 3 semanas // Él ha introducido a tu hija en el porno casero. // Él ha introducido a tu hija su member in november // (Se quieren mucho // Se les ve muy bien) // En december a ti // te han echado del trabajo // Recorte de personal // Yo no te he de decir // cómo funcionan las cosas // Sic // Caen // Como fichas de dómino // Tu puesto de trabajo, la hipoteca del piso, el matrimonio // Tu mujer te ha dejado // Tu hija se ha ido a vivir con su novio // La casa vacía // se te cae encima // La casa ya no es tuya // Pero tu espalda aún sí // Así que te vas // a vivir // a casa de tu tía // Tienes una hija que hace porno casero // pero no tienes casa // Te enteraste de eso por el portero // (Porque tú ves porno americano) // un día que fuiste // a hacer la mudanza // Que te hayas tenido que enterar por otro // No no mejor así // Tu ex portero // es el mismo portero // que el de tu ex mujer // Claro // “Tú no tienes ni idea de hacer de padre ni de marido” // Sic // Tú no tienes nada // pero tienes un ordenador // Te la suda ya todo // Te instalas el Tinder // Ves // las fotos de un pibón // y la contactas // quedáis en un hotel // Es tu propia mujer con una foto falsa // Tú también pusiste una foto fake // Folláis // “Tú no tienes ni idea de hacer ni de padre, ni de marido ni de amante”// Todo te va muy mal // Pasan dos o tres meses // Hasta que recibes // una buena noticia // Bueno // Una noticia // Resulta que ahora tu hija es una estrella // Del porno soft // Intelectual // Unos primeros planos // del salón de tu ex casa // en una escena doggy style // muestra claramente a la vista // tu surtida biblioteca // Shakespeare, Joyce, TSEliot, Carriere, FosterWallace // Eso // y la forma de gemir de tu hija // suave y nada estridente // han hecho de ella una estrella porno // Intelectual // Eso // y su perfecta pronunciación del inglés // Fuckme, Gosh, Deeper, Justlikethat // No se ha visto nada igual // en el porno patrio // Piensas en el saber // Que no ocupa lugar // Y en los fines de semana // en que dejasteis // a tu hija sola en casa // con su nuevo novio// Y en los meses de verano // pagando sus estudios en Irlanda// Ahora tu hija es una star // Por eso el candidato // del nuevo partido // la ha incluido en su lista // de las municipales // en el número 3 // Es un golpe de efecto/// El cambio ya se masca // Ella irá a cultura // Regidora, seguro // Es un golpe de efecto // Te ofrecerá un trabajo // si salen elegidos // “Seguro que encontramos // algo para ti” // (Vuestra primera charla // en tanto tiempo) // Está chupado // Solo // Hay un pequeño escollo // El candidato rival // de otro nuevo partido // era el dealer de tu hija // Tiene mucho gancho, pero // se lo van a comer con patatas // aunque tiene un punto // ciertamente a favor // Bueno // En contra de tu hija // Ella le debe pasta gansa //A él// De cuando era dealer // Piensas pero si nunca // le ha faltado de nada// siempre un plato en la mesa// Piensas líder dealer qué cosas // Tú le caes muy bien // al candidato // del partido de tu hija // Te dice nada que temer // El ex dealer del partido rival // no puede contar eso // abiertamente // Acabaría con él // Tranquilo // ¿ Qué es lo peor que podría pasar? // ¿Que te hicieran un escrache? // Ellos no hacen escraches // Y tú no tienes casa // O sea que tranquilo // Nos los vamos // a comer con patatas // Jornada electoral // Sede del nuevo partido // de tu hija // Tú pides un gintonic // y esperas /// a que acabe /// todo bien.

Así que es normal que, en situaciones de completa zozobra, de total corrimiento de tierras y puntos cardinales, si alguien te dice: eh, tú no eres tonto, pues te aferres a eso. Y que, frente al vacío de las grandes dudas (si esto es un hombre) te contestes: Sí, esto es un hombre & Yo no soy tonto & Lo que haga falta. Aunque te lo tenga que decir una empresa de inteligencia artificial. No, Yo no soy tonto & Busco el tonto afuera. Dame a Sergio Ramos que lo pongo a caldo.

 

4. Smart Us-Smart Ass

“La filosofía, en cuanto poder del pensamiento separado, no ha podido nunca superar por sí sola la teología. El espectáculo es la reconstrucción material de la ilusión religiosa”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

La etimología del término religión ha sido objeto de largos debates, pero nos atendremos a la tesis de Lactancio, que cifra su origen en ligare: atar, amarrarse (del indoeuropeo -leig: atar, mezclar). En cambio, sobre el origen de inteligencia el juicio es unánime, del latín legere: escoger, separar. Así, según ambas etimologías los dos términos tendrían orígenes opuestos. El mercado de los media en que triunfa el TR supone la síntesis entre esos polos aparentemente opuestos al postularse como la Religión de los Inteligentes.

En La genealogía de la moral, Nietzsche acuña el término transvaloración referido al cristianismo y su lógica inversa según la cual los últimos serán los primeros. También la Religion de los Inteligentes se edifica sobre una doble transvaloración, económica y jerárquica. Desde la perspectiva económica la operación es simple: Tú eres inteligente ergo Tú eres el comprador. Yo soy tonto, Yo soy la mercancía. Resultado: Tú me vas a comprar. Más exactamente: vas a comprarme porque eres inteligente. Atendiendo a lo visto en el punto 2, la operación sería: en tanto que mercancía espectacular, los políticos han de aparecer como tontos para que tú los votes, pues tu inteligencia es tu soberanía.

La transvaloración jerárquica opera en paralelo: el acólito es el elegido en la Religión de los Inteligentes. Pues, volviendo a la cita sobre El gran Gatsby, ahora también eres tú quien todo lo ve, desde todas tus pantallas. Y si la complicidad del dios tron(co) consiste en tratarte de tú a tú, eso ha de implicar también de dios doméstico a dios doméstico. Bueno, quizás no tienes casa, pero sí tienes pantallas. (“La razón de que el espectador no se encuentre en casa en ninguna parte es que el espectáculo está en todas partes”). En cualquier caso tú estás observando, tú estás juzgando, tú estás comprando. Tú no eres tonto. Como situacionista podría improvisar un lamento (tú puedes verlo todo menos a ti mismo) y luego contestarme a la Warhol (pero qué dices, si ahora yo también puedo aparecer en la pantalla). Pero mejor dejar en paz la propia esquizofrenia.

La transvaloración de la que hablamos se encarna en esta imagen:

Del videoclip Dancing in the dark, Bruce Springsteen

Del videoclip Dancing in the dark, Bruce Springsteen

La posición cenital se postra hacia ti en trayectoria descendente mientras tú sientes un vértigo hacia arriba, you are the one, tú no eres tonto, tú eres el elegido porque me eliges.

 

5. «Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti». Ives Montand.

“En la vida hay que ser un poco tonto porque, si no, lo son solo los demás y no te dejan nada”.
Ramón Gómez de la Serna

 

6. Internet

“Si la administración de esta sociedad, así como todo contacto entre los hombres, no pueden llegar a ejercerse más que aceptando como intermediario a este poder de comunicación instantánea, ello es debido a que esta comunicación es esencialmente unilateral”.
“La actitud que por principio exige el espectáculo es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Debord y el situacionismo son precedentes claros de los usos hoy habituales de internet (“Es una cuestión de producirnos a nosotros mismos”). Y curiosamente, algunas de las grietas de su análisis consisten en no presuponer que la sociedad del espectáculo pudiera acabar incorporando las propuestas situacionistas mediante la comunicación en red. Así, expresiones citadas como aceptación pasiva, unilateral o espectáculo que aparece sin réplica son anacrónicas hoy.

“La separación es alfa y omega del espectáculo. La institucionalización de la división social del trabajo, la formación de las clases, habían construido una primera forma de contemplación sagrada, el orden mítico en el cual todo poder envuelve su origen. Lo sagrado justificaba la ordenación cósmica y ontológica correspondiente a los intereses de los amos, y explicaba y embellecía todo aquello que la sociedad no podía hacer. (…) El espectáculo moderno, en cambio, expresa lo que la sociedad puede hacer, pero en tal expresión lo permitido es lo absolutamente contrario a lo posible”.
“Mientras que en la fase primitiva de la acumulación capitalista la economía política no ve en el proletario más que al obrero” (Marx), que debe recibir el mínimo indispensable para la conservación de su fuerza de trabajo, sin considerarle jamás “en su ocio, en su humanidad”, esta mentalidad de la clase dominante se invierte tan pronto como el grado de abundancia alcanzado por las mercancías exige una colaboración suplementaria por parte del obrero. (…) En este punto, el humanismo de la mercancía se hace cargo del ”ocio y la humanidad” del trabajador, simplemente porque la economía política puede y debe ahora dominar estas esferas en cuanto economía política”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Siguiendo el orden inverso de estas dos citas, Internet encarna, por un lado, una nueva ampliación del humanismo de la mercancía. Empezando por el hecho de que facilita la interacción con la mercancía espectacular –memes, etc.–, acabando por que la mercancía cultural ya no se paga, hay un inmenso etcétera de por medio. Por otro lado, representa un paso más en lo que, según Debord, la sociedad del espectáculo moderno puede hacer pero resulta en la práctica un permitido imposible (según la lógica situacionista, romper el cristal de la pantalla, la representación pilotada desde fuera, por mucho permiso que nos dé a distorsionarla a posteriori).

La equiparación de nivel entre público y escenario es intrínseca a la creación de las grandes ciudades entre los siglos XIX-XX. Y, por tanto, a sus modos de expresión. Luc Sante escribe en Bajos fondos, acerca de la creación de Nueva York: “Desde el principio Manhattan fue un teatro. (…) ¿Dónde estaría, entonces, el escenario? Hay dos respuestas. Una de ellas procede de la imagen de la ciudad como un teatro que constase de anillos, palcos y plateas, pero en el que no hubiese escenario per se, sino donde el público fuese objeto de su propia contemplación”. Cita después a Walt Whitman describiendo el Bowery Theatre: “Lleno desde lo más alto hasta el foso, con un público compuesto por hombres de mediana edad y jóvenes viriles, todo el auditorio, y lo que coloreaba sus rostros y sus ojos, para mí eran parte del espectáculo como cualquier otra cosa”, y a Honoré de Balzac: “El gran poema del escaparate, de La Madaleine a la puerta de Saint Denis, canta sus estrofas de colores”.

Desde esa perspectiva, internet es perfectamente fiel a uno de los principios que están en la génesis de la sociedad moderna: la consideración del público como espectáculo.

Un ejemplo reciente que ilustra ese principio es el modo en que se ve el festival de Eurovisión. Si antes era contemplado como un evento rutilante, ahora cada nueva edición subraya la supremacía del público sobre los participantes de cada país, incluso sobre la propia ceremonia: la gente sabe que está asistiendo a algo burlesco que, de hecho, se nutre de su risa. Y desde esa nueva perspectiva sigue contemplándolo. Ya transformado por su nueva mirada como conciencia activa de la alteración. Pues bien, esa supremacía del espectador no tendría sentido sin los comentarios a tiempo real que permite la comunicación en red.

De hecho, un antecedente del TR fue Rodolfo Chikilikuatre (yo me hago el tonto, sé que tú lo sabes, ergo eres inteligente). Años más tarde, quién sabe si inspirado en el temor inconsciente a participar en un ritual en que él iba de ser el gladiador y el público el león, el representante de España presentó un tema titulado Algo pequeñito. Es divertido el modo en que Calamaro, una de las últimas estrellas aparecidas aquí antes de la hegemonía de internet, comentaba la cosa:

 

7. Ha nacido una estrella

“La representación espectacular del hombre aglutina toda esta banalidad al concentrar en sí la imagen de un posible papel que desempeñar (la estrella). La condición de estrella del espectáculo es la especialización de la vivencia aparente, objeto de identificación con la vida aparente y sin profundidad que ha de compensarla fragmentación de las especializaciones productivas efectivamente experimentadas. Las estrellas del espectáculo existen como figuras de diversos estilos de vida y de comprensión de la sociedad, libres para ser desempeñadas en un nivel global. Encarnan el resultado inaccesible del trabajo social, mimetizando los subproductos de ese trabajo que son mágicamente proyectados sobre él como si fuesen su objetivo: el poder y las vacaciones, la decisión y el consumo, que se encuentran al principio y al final del proceso incuestionado”.
“El representante del espectáculo unificado (la estrella del espectáculo) es lo contario del individuo, el enemigo del individuo tanto para sí mismo como para los demás. Al desplazarse hacia el espectáculo como modelo de identificación, el individuo ha renunciado a toda cualidad autónoma para identificarse con la ley general de la obediencia al curso de las cosas establecidas en cuanto tal. (…) Kennedy siguió siendo orador después de muerto, llegando a pronunciar su propio elogio ante su tumba, dado que Theodor Sorensen continuó en todo momento redactando los discursos de su sucesor en aquel estilo que tanta importancia adquirió a la hora de hacer reconocible la personalidad del desaparecido. Los personajes admirados, en quienes se personifica el sistema, son bien conocidos por no ser lo que son”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Un ejemplo de la rigidez que los requisitos de la sociedad del espectáculo imponen a sus estrellas son aquellas palabras de Fernando Hierro (¿Último libro leído?: No suelo leer libros). Un paradigma de resistencia frente a las premisas de lo espectacular, según las cuales los personajes admirados son bien conocidos por no ser lo que son. Hierro tuvo que soportar una burla absurda que dura aún hasta hoy. Por ingenuidad, nobleza o ignorancia, pasó por alto que una estrella es lo contrario del individuo. Así, respondió sinceramente pensando que el público habría de juzgarle por el trabajo que desempeña, y pasando por alto el plus de representatividad al que su rol le obliga. El TR hubiera tenido bien clara la estrategia en ese caso. Último libro leído: Don Quijote de la Mancha, de Francisco de Quevedo. (Oops, I did it again). O, en una versión más refinada, pudiera haberse ufanado de poso intelectual recomendando Los puentes de Madison, como hizo Pep Guardiola. Que, como broma, supere quizás a la anterior.

En la radio catalana Rac1, Jordi Basté, el líder de las mañanas, suele recordar la anécdota de Hierro aunque hayan transcurrido veinte años. Diría que la usa en su versión espuria (Último libro leído: Ninguno), y luego se ríe de su propia gracia –Ho trobo brutal!!!– como en él es fama. La risa de los popes de la religión de la inteligencia es un género en sí mismo. Basté, como líder de opinión del so called Procés, es un ejemplo orgánico de estrella de la sociedad del espectáculo. Resulta revelador del actual estado de cosas en Cataluña que tres de los principales líderes de opinión política en diversas etapas (Xavier Bosch, Antoni Bassas, el propio Basté) hayan sido antes periodistas deportivos. Quizás pueda ayudar a entender la dimensión espectacular del asunto. Una vez le oí a Abel Cutillas, un notable escritor y pensador catalán, explicar una pequeña performance que hizo hace dos décadas en una Diada de Sant Jordi. Puso una mesita en plena Rambla y extendió un cartel con la leyenda “Catalunya és més que un club”. La gente pasaba y se escandalizaba, o se reía, o todo junto. En fin, podría imaginarme también a Basté jactándose de su propia risa y declarando: “Ho trobo brutal!!!”, al interpretar el cartel como una boutade pour épater le journaliste sportif. En cambio ahora, y desde hace cinco años, cada mañana nos despierta repitiendo argumentos que gravitan siempre sobre el mismo lema, “Catalunya és més que un club”. Todo lo cual representa una auténtica esperanza: en la sociedad el espectáculo, entre un pensador y un actor puede haber todavía notables diferencias.

En un caso más reciente, y volviendo al papel de la estrella, el periodista John Carlin le exigió a James, jugador colombiano del Real Madrid, pronunciarse en público sobre su voto en el reciente plebiscito celebrado en su país. El título de su artículo James es un cobarde: ¿Sí o no? puede dar una idea del tono de esa exigencia. En aras de la representación de la experiencia, la estrella está obligada a hablar. Y si el voto secreto es un derecho de los hombres, la religión del espectáculo le conmina como dios a hacerlo público. A ser ejemplo. En tanto que crack, James representa un punto intermedio entre la estatua totémica – suplente si se quiere– y el gladiador –ídem–. Pero a la Estatua de la Libertad no se le exige que declare si vota republicano o demócrata. Bien es cierto que una vez le pusieron al monumento a Colón una camiseta del Barça de la marca Nike. Lo cual, evidentemente dice más del Barça o de Nike como poderes fácticos que del monumento. Del mismo modo que el gesto de Carlin nos informa de él como poder fáctico espectacular más que de James. Entre otras cosas porque este, igual que Colón o la Estatua de la Libertad, no dijo ni pío.

 

8. Ha muerto otra

“La alienación del espectador (…) se expresa de este modo: cuanto más contempla , menos vive. Cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo. La exterioridad del espectáculo en relación con el hombre activo se hace manifiesta en el hecho de que sus propios gestos dejan de ser suyos, para convertirse en los gestos de otro que los representa para él”.
Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Alienación, opio del pueblo, lugares comunes del marxismo que reiteran la idea de alteración, de alteridad inducidas. También Debord incurre en la metáfora en sus referencias a las drogas o sus efectos, que sirven para motejar al espectáculo y nunca para significarlas por sí mismas. Toda alusión a ellas opera como símil de otra cosa. Y si uno de los hallazgos más estimulantes de Debord es la equiparación entre trabajo y consumo de ocio –en que el segundo es una mera extensión del primero– sería interesante aplicarla al consumo de drogas como una extensión necesaria del trabajo, cuestión que remite necesariamente a la estrella.

Empecemos transformando la cita anterior:

“La alienación de la estrella se expresa de este modo: cuanto más se muestra, menos vive; cuanto más acepta ser reconocida como imagen dominante de la necesidad, menos comprende su propia existencia y su propio deseo. La exterioridad del espectáculo en relación con la estrella se hace manifiesta en el hecho de que sus propios gestos dejan de ser suyos, para convertirse en los de un yo-otro que los representa para todos”.

No hablamos ahora de un uso hedonista de las drogas, sino de un uso profesional. De una conciencia alterada de la estrella, que es inducida por las necesidades de producción de lo espectacular. A veces deja víctimas por el camino –el club de mártires de los 27 del imaginario rockero–, aunque es aplicable a otros ámbitos. Si en algún caso la estrella ha significado la revolución representada, su muerte es el perfecto colofón del proceso en que lo apocalíptico resulta integrado. Proceso que, según Debord o Lipovetsky, es un rasgo esencial de la Sociedad del Espectáculo. Invirtiendo el clásico marxista, que la revolución sea también el opio del pueblo. Con la muerte de la estrella, el líder abandona a los suyos para ingresar en lo Ideal Absoluto, mientras sus seguidores permanecen en una realidad tristemente revelada: era una ilusión, the dream is over.

La repetición de esas muertes precoces ha acabado convirtiéndolas en tópico literario, lugar común. Sabina bromeaba sobre ello después de su ictus: “Sé que mi público quiere que me muera, pero no les voy a dar ese gusto: jodeos”. Es curioso que la explicación que dan los medios de esas muertes suela incidir en asuntos privados del mártir –su vida familiar, su carácter–, como queriendo pasar por alto que la muerte de la estrella forma también parte del engranaje de lo espectacular y, por tanto, de lo público.

La de Amy Winehouse fue la última de ellas. Años después de la consternación colectiva, un excelso documental de Asif Kapadia puso fin al luto. Pero diría que el seguimiento público de su declive fue bastante distinto. La gente más bien se reía de ella. Cada nueva ocasión en que la pantalla mostraba a Amy tambaleándose en el escenario suponía una celebración jocosa de lo bufo, y por cada diez burlas oías un lamento. El comentario general era Oops she did it again, más que otra cosa.

Si según Debord la vía de escape es una extensión del lugar del que se pretende huir, la degradación hecha espectáculo informa sobre la degradación del espectador. Y si los finales de las historias desvelan el auténtico argumento, quizás la muerte de Winehouse nos vino a explicar de qué nos burlábamos entonces y por qué lloramos ahora. Por nosotros mismos al reírnos de ella.

 

9. Apolíneo, dionisíaco

En el viejo dilema, me cuesta identificar la representación actual de lo apolíneo. Del otro lado, parece que lo dionisíaco se concentra de un tiempo a esta parte alrededor de la estupidez. Jackass, Dos tontos muy tontos (+ precuela y secuela), en fin, un largo etcétera. Si antes lo dionisíaco era representado por actos voluntarios –la sexualidad o el consumo de sustancias psicoactivas–, por procesos –la alteración de la conciencia como vía iniciática–, ahora la estupidez parece promulgada como orden. Estadio inamovible, destino innegociable como punto de fuga.

 

10. Tener la conciencia alterada vs Ocupar la conciencia de otro

En palabras de Debord, la estrella es lo contrario del individuo. Internet ha supuesto una equiparación del público a la estrella (las redes sociales son el perfecto instrumental del estrellato pret a porter para todo hijo de vecino). Por tanto, el individuo común habría dejado de serlo. Tomemos esta conclusión en un sentido más formal que psicológico, referido a la suplantación de identidades en red.

Hace una semana tuvo lugar la dimisión de Pedro Sánchez en el PSOE. Un foro de internet pagó a unos mariachis para que cantaran a la puerta de Ferraz. Luego, un anónimo envió cien pizzas. Mientras tanto, una serie de presuntos manifestantes del PSOE defendían a pie de calle la postura de Sánchez a plena voz en coro. Al día siguiente, en la radio se hablaba de un foro de Podemos en que dos miembros del partido se confesaban como esos presuntos socialistas. Entonces uno de los tertulianos dijo: “Bueno, pero eso tampoco significa nada. Podría ser que miembros de un tercer partido se hubieran infiltrado en el foro podemita”. Y el presentador zanjó: “Así están las cosas. Uno ya solo puede fiarse de los mariachis y las pizzas”.

“La fama es la suma de los malentendidos que se reúnen alrededor de un hombre”.
Rainer Maria Rilke

 

11. Ce qui se passe !!!!

tontoAlteración de la conciencia colectiva, pararrealidad, inteligencia artificial, memes, fake, ¿sueñan los emoticonos de androides con emoticonos de ovejas?, virtual, Ipad, identidad digital, 3d…

El otro día un hombre decidió vindicar lo real por un instante. Fue en Dijon, Francia. Atendiendo a la vulneración de sus derechos como cliente (a-ver-quién-es-el-que-no-es-el-ton-to!!!), entró en una tienda de Apple y destrozó todos los móviles y ordenadores que encontró a su paso. Con una pelota de petanca, tan Ancien Régime. Mientras gritaba:

¡¡¡ Esto es lo que pasa !!!

Bueno. A lo mejor esto es de lo que estábamos hablando.


Bibliografía citada:

Los enemigos del comercio 2 . Antonio Escohotado. Espasa Calpe.

La sociedad del espectáculo. Guy Debord. Pre-Textos.

La genealogía de la moral. Friedrich Nietzsche. Alianza Editorial.

Bajos fondos. Luc Sante. Libros del K.O.


 

JOSELE SANGÜESA

JOSELE SANGÜESA

JOSELE SANGÜESA

Música, escritura, radio. Josele Sangüesa. Compositor & cantante de Caníbala. Varios temas de su primer disco Jondospeed incluidos en la BSO de Tapas (Corbacho/Cruz, Premio Goya 2006). En 2010 publica su segundo disco: Gol. Ha colaborado en diversas ocasiones con Santiago Auserón, Muchachito o 08001, entre muchos otros. Participa en los recopilatorios Barcelona Raval Sessions II, RamblaRumbleRumba o Barcelona Zona Bastarda.

Es autor del libro Santiago Auserón. Unas gafas de sol en la noche.

Colaborador habitual en Radio3 (Todos somos sospechosos, 1ª y 2ª temporada), revista Quimera y otros.

Este es su Blog. Prepara nuevo disco y seguirá informando.