“Fake it till you make it” es una expresión muy extendida en Estados Unidos que venía a decir de que simular confianza y seguridad genera verdadera confianza. Su origen muchos afirman que está en su uso como lema apócrifo de Alcohólicos Anónimos, aunque hoy por hoy ha sido asumida por todo aspirante a coach y utilizada ante cualquier atisbo de duda a la hora del despegue social.

Sin embargo, lo de simular que todo va bien para que en algún momento vaya de verdad bien, suena un poco frívolo cuando se piensa un poco más. Y si le sigues dando vueltas, puedes encontrarte con que el postureo supera a la ficción.

Aunque tampoco hablamos de un fenómeno minoritario, montarse al tren del éxito sin billete es en realidad un must neoliberal: si lo hizo Gordon Gekko, es ley. Vivamos por encima de nuestras posibilidades hasta que podamos vivir por encima de las de los demás.

El problema es que durante este acelerado y rutilante ascenso a lo más alto de la estafa piramidal es fácil dejarse llevar por la euforia y perder la medida de tus acciones. Y siempre se negará todo (“¿a quién vas a creer, a tus ojos o a mí?”), pero cuando tus pantuflas salen a subasta puede uno darse por descubierto.

De este modo la parte en la que todo funciona solo, que todo sale bien, se convierte en un atropello con fuga en la carretera del éxito y los restos son arrojados a la cuneta para que sirvan de carroña a quienes vienen detrás. Pero no pasa nada, siempre podremos pedir a Pony Bravo que le dedique una canción: