ARTE | Jueves 18 Octubre | 19:00H (inauguración) | CDAN

Ana Mendieta (La Habana, Cuba, 1948 – Nueva York, Estados Unidos, 1985), artista de origen cubano exiliada en Estados Unidos desde los doce años, transita durante toda su trayectoria en el límite entre ambos territorios culturales, el norteamericano y el latino. En este sentido, su obra comparte posturas con otras prácticas artísticas feministas de su tiempo; en el caso de Mendieta, su doble alteridad (mujer y latina) en el contexto de una sociedad patriarcal y anglosajona, la ins­cribe dentro de una dimensión conceptual más compleja, la del feminismo poscolonial. A lo largo de los años setenta y los primeros ochenta, la artista creó un cuerpo misterioso y absorbente de arte performativo definido por su cuerpo y un eterno encuentro con la naturaleza. Asociada con el arte feminista y con la performance, Mendieta evolucionó, en una corta carrera de trece años, su propia práctica híbrida que fusionaba aspectos del body art y del land art. Ella usaba el término “cuerpo de tierra” para describir su particular aproximación a la práctica del arte en la que incorporaba su propia figura -o su silueta o su huella- al paisaje natural. Utilizaba arcillas locales o pigmentos en polvo y pólvora, que seleccionaba y a los que prendía fuego para la cámara. El deseo de Mendieta de conectar con la naturaleza y la historia evolucionó a partir de su deseo de toda la vida de recu­perar su tierra natal perdida de Cuba, de la que se exilió cuando era una niña pequeña en los años inmediatamente posteriores a la Revolución de Fidel Castro de 1959. Su característica serie Silueta (1973/1981), comprendida por cientos de trabajos creados en Iowa, México y otras localizaciones a través de Norteamérica y, finalmente, Cuba, forman el corpus central de su arte. La aproxima­ción híbrida de Mendieta a la práctica del arte, su fusión de medios y disciplinas, su negativa a ser limitada por un medio específico, por el sexo o las fronteras basadas en la identidad, fueron vistas como premonitorias y avanzadas. Su práctica performativa, que ya se presagia en sus tempranos trabajos de estudiante, han dejado un conmovedor y potente legado en la historia de las artes performativas, así como en el desarrollo de la fotografía conceptual.